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24 de septiembre de 2020 00:28:22 | Edición impresa | Síguenos en: rss

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Un tipo llamado DEL TORO

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YOEMNIS BATISTA DEL TORO Foto: Adán Iglesias

Por Julieta García Ríos

Yoemnis Batista Del Toro (Marianao, La Habana.  4 de septiembre de 1990)

Ocupación: caricaturista de Palante.

Estado Civil: casado

Cónyuge: Akaela Marisol Padilla Miranda.

Hija: Tania Sofía.

A juzgar por su físico, 1,90 metros de estatura y cien kilogramos de peso, pudiera decirse que se perdió un deportista en potencia. Y sí, fue judoca durante la enseñanza primaria, pero «más pudo el deseo de dibujar que las ganas de sudar kimonos».

Ya por esa época, copiaba los dibujos de su hermano, que a su vez eran reproducciones de obras de Garrincha, Virgilio y de otros humoristas gráficos de la prensa nacional.

Luego, se vio caricaturizando a los amigos, ya fuera en clases o en las horas de ocio. Para entonces era estudiante de la escuela de instructores de arte 13 de Marzo, de San Antonio de los Baños, donde se graduó en julio de 2008. 

 «Representaba gráficamente escenas de nuestra vida diaria de becados que consideraba graciosas», así recuerda Yoemnis Batista del Toro sus inicios.

Para 2007 se percata de que sus «garabaticos» podrían ser más que una descarga de adolescente. La convocatoria a un Salón Humorístico del Museo de Humor de San Antonio de los Baños lo alerta de ello. Desde entonces se convirtió en un asiduo participante en esos salones, de los cuales atesora más de diez premios.

La galería Eduardo Abela, de San Antonio de los Baños, acogió su primera exposición personal. Sucedió mientras cursaba el tercer año de la carrera de Instructores de Arte y la muestra recogió una serie de dibujos académicos.

En lo adelante se dedicaría por completo al humor gráfico. Las técnicas y asignaturas básicas aprendidas en la escuela enriquecieron su labor editorial. Desde 2009 se convirtió en constante colaborador de la Ubre del humor, suplemento humorístico, liderado por Ares y Zardoyas en el periódico La Calle del Medio.

Bajo el seudónimo de Yoe firmó todas sus obras hasta que en 2017, navegando por internet encontró a otro «Yoe». Fue así que, para diferenciarse de aquel humorista, su segundo apellido se convirtió en sello personal.

Reconoce entre sus referentes a «la segunda generación del dedeté: Lauzán, Ares, Garrincha, Tomy, Adán y Laz, con sus tremendas caricaturas personales. Y también a los dibujantes de Palante: José Luis, Wilson, Alben y Lacoste».

Aunque se siente especialmente influenciado por los coterráneos Ares, Zardoyas, Boligán y los mexicanos Helio Flores y Naranjo, puede distinguirse su obra por la expresividad de su línea suelta y deformada.

Al comienzo de su carrera se sintió más atraído por la  caricatura personal, la que exige ser buen observador, «para discernir y no dejar pasar características primordiales de cada individuo en particular, poses, gestos y expresiones faciales».

Sin embargo, en apenas una década la preferencia por la caricatura personal ha sido desplazada. Así lo comenta: «Al ir madurando mi modo de pensar, de ver y de comprender la vida, mi gusto fue cambiando hacia la sátira política por tener más cabida en los medios de prensa nacionales e internacionales y por la gran gama de aspectos enriquecedores que puede aportar a mi obra como creador».

La madrugada es la hora en que suele crear. Y gracias a ese hábito, dice, se «ganó» una miopía que lo obliga a usar espejuelos permanentes. Eso no descarta que dibuje siempre que tenga una oportunidad.

Oportunidad que luego del 26 de noviembre del pasado año es cada vez más escasa. Su pequeña Tania Sofía se siente más satisfecha cuando está en sus brazos.

Por suerte entramos en la era del teletrabajo y a solo diez cuadras de su hogar está Palante el sitio donde trabaja desde febrero de 2017 por lo que puede prescindir de la licencia para cuidar a su hija.

Si un rasgo de su personalidad sobresale es su risa inmensa, contagiosa, que lo hace lucir a sus 29 años como un niño grande de largos drelos.