dedeté

Sitio de humor cubano

14 de octubre de 2019 23:56:18 | Edición impresa | Síguenos en: rss

Noticias y chismes

cortar

Eduardo del Llano: Para no enloquecer, escribí El enemigo

aumentar disminuir imprimir

Por Julieta García Ríos

Una vez más, el incansable Eduardo del Llano nos deleita: su novela El enemigo, Premio Alejo Carpentier de Novela 2018, colmada del buen humor literario que caracteriza al autor, tiene como argumento el serio asunto de la aparición de El Diablo con forma humana, quien necesita confesar sus pecados, y para ese fin escoge al hasta entonces nimio sacerdote Nicanor, párroco del pueblo Maravillas, quien a su vez solicita ayuda a Rodríguez, el obispo que es su instancia superior.

De esta manera la escritora Laidi Fernández de Juan sugiere la lectura del texto que acaba de presentarse en el habitual espacio Sábado del Libro. 

El enemigo es la novela más anticlerical, más antibélica, más antimperialista y más radical de cuantas ha escrito Eduardo del Llano, asegura la destacada narradora y médico.   

Precisamente fue ella quien animó a su amigo a presentar la novela, muy justamente premiada, afirma, al tiempo que felicita a Eduardo por regalarnos su delirante escritura y extiende la congratulación al jurado del premio Carpentier de ese año, al cual consideró un equipo osado, al distinguir una obra humorística, con lo cual por primera vez un libro de dicho género alcanza la categoría que merece: la de Literatura seria.

El autor

Eduardo nació en Moscú diez días antes de la crisis de los Misiles, el 9 de octubre de 1962, y se graduó de Historia del Arte en la Universidad de La Habana en 1985. Tiene una extensa obra literaria e incursiona en varios géneros. Entre sus primeros trabajos publicados pudiera citarse Nostalgia de la babosa (poesía) y El elefantico verde (cuentos y fábulas para niños), ambos de la editorial Abril, en 1993. También las novelas  Obstáculo (1997),  y Cuarentena (2012), de Letras Cubanas, y  Bonsai (2014), de Ediciones Unión, se incluyen en su producción literaria. 

Son sus inicios en el arte (son), con el grupo de creación literaria y teatral NOS-Y-OTROS (1982-1997), del cual fue actor y director. Ya desde esa etapa iba madurando el hombre que nos regalaría los guiones de películas como  Alicia en el pueblo de maravillas, Kleines Tropikana, Hacerse el sueco, Lisanka, La película de Ana, de Daniel Díaz Torres, Perfecto Amor equivocado, de Gerardo Chijona, o  La vida es silbar y Madrigal, de Fernando Pérez. Ello lo llevó a desarrollar su propia obra. Aparecen así los Nicanor, nombre popular que adquiere una serie de audiovisuales suyos, o el largometraje Omega 3. Quienes le conocen aseguran que como director tiene destreza.

Para adentrarnos en la entrevista indago sobre su generación, esa que suelen llamar la del sacrificio, apelativo con el que difiere.

Mi generación fue feliz, tal vez porque no conocíamos nada mejor, pero también porque era una época en que la utopía parecía posible, y Cuba iba camino al desarrollo& La Lenin fue un período de aprendizaje en todos los sentidos: entré siendo un niño de 11 años, salí como un adolescente a punto de cumplir 18. Pero no hay sufrimiento en mi obra; en todo caso, cierta melancolía.

La obra

¿En qué momento de tu vida escribes El enemigo?

En la segunda mitad de 2017, una época muy difícil para mí. Soy hijo único y cuidaba de mi madre postrada. Para no enloquecer, escribí El enemigo.

¿Tardaste mucho en escribirla?

Mis novelas no son muy largas, y generalmente salen bastante rápido. Esta la escribí en tres meses.  

 En ella están presentes otra vez tus conocidos personajes Rodríguez y Nicanor.

 Sí, aunque son algo distintos: aquí Rodríguez es un obispo y Nicanor un cura de provincia.

¿Cuándo aparecen por primera vez en tu literatura?

Nicanor fue un personaje que inventé en la época del grupo NOS-Y-OTROS para designar al cubano corriente. Está en casi todos mis cuentos y novelas,  y varía de un poco de un texto al siguiente, pero manteniéndose como un antihéroe. Y Rodríguez es su mejor amigo, y a veces, su oponente.

 Ellos han sido llevados al audiovisual. En el evento teórico del Festival Aquelarre 2019 se proyectó el Nicanor número 15. Allí anunciaste que con esa entrega cerraba la serie. ¿Por qué?

 Alguna vez hay que terminar, ¿no? Y quiero tener a otros actores de protagonistas de mis películas, lo que no significa que no vuelva a trabajar con Luis Alberto o con Néstor. Tocar otros temas, otros tonos.

¿A cuál de tus personajes te pareces más?

Uf, no sé. A Nicanor, supongo.

Tu obra suele catalogarse de irreverente y provocadora, ¿qué opinas al respecto?

Que tienen toda la razón.

 ¿Por qué utilizas una y otra vez la risa y el absurdo como recursos comunicativos?

¿Por qué no? Me encanta la comedia: es una de las dos caras del drama, tan importante como la tragedia y tal vez más difícil de hacer. La risa que lleva a la reflexión es el mejor camino para conectar con la gente.

¿Qué pretendías al crear en 1982 NOS-Y-OTROS?

Queríamos cambiar el mundo, generar un ismo artístico, como el cubismo, el surrealismo, el expresionismo. Hacer literatura y teatro en colectivo, como una cooperativa. Lo integraron, al principio, Luis Felipe Calvo Bolaños, Aldo Busto Hernández, José León Díaz y un servidor, hasta 1988 más o menos; luego salen León y Aldo y entran Orlando Cruzata Montero, Jorge Fernández Era, Jorge Alberto Piñero y Leandro Pérez, hasta el final.

 ¿Por qué después de quince años se desintegran?

Porque ya no éramos tan jóvenes, teníamos familias propias, y el Período Especial nos obligó a buscar trabajos con los que vivir.

Por estos días el Centro Promotor del Humor está cumpliendo 25 años de fundado ¿qué opinas de esta institución?

 Que es necesaria y muy importante, y ha ayudado mucho al desarrollo del humor cubano. No es necesario pertenecer a ella para ser humorista, pero sí ser humorista para pertenecer a ella.

Tu debut en el séptimo arte fue con Alicia en el pueblo de maravillas, la cual desató gran polémica&

 Sí. Empezamos a escribirla en lo que se llamó el Período de Rectificación (fines de los 80), que fue económicamente bueno para el país y, con la puntería que nos caracteriza, se estrenó en lo más negro del Período Especial, en 1993. Fue muy duro. Al grupo le costó trabajo reponerse del golpe, de la incomprensión y la sospecha.

El binomio de Eduardo del Llano y Daniel Díaz Torres ha dado
magníficas obras,  ¿cómo lo recuerdas?

 Para mí fue muy importante que Daniel confiara en mí para ser su guionista. Gracias a eso trabajé también con Fernando Pérez y Gerardo Chijona. Trabajar a dúo me funcionaba, yo estaba acostumbrado a escribir con alguien más desde NOS-Y-OTROS. Daniel era un tipo brillante y generoso, y un gran amigo. Siempre lo recordaré como mi maestro, y me afectó mucho su muerte, hace 6 años.

 ¿A Fernando Pérez cómo lo definirías?

Fernando es como un niño grande, en el sentido de que conserva intacta su capacidad de asombro. Fue un placer y una escuela trabajar con él en esos proyectos.

¿Luego de entregar los guiones, te vinculaste al proceso de dirección?

No. Los directores no me dejan.

Por eso te has convertido en realizador de tus cuentos y novelas, ¿cómo se da el proceso creativo del guion al audiovisual?

 En la escritura del guion, y luego en los ensayos, aparecen nuevas ideas y correcciones. Un buen final literario puede no ser un buen final cinematográfico, por ejemplo. Y el cine es colectivo, así que todos aportan.

¿Cuáles fueron los escritores y realizadores que más te han influenciado?

Escritores: Chéjov, Mark Twain, Roberto Fontanarrosa, Milan Kundera, Héctor Zumbado. Realizadores: Woody Allen, Billy Wilder.

 Regresemos al libro que presentaste, ¿quién es el enemigo de Eduardo del Llano?

 Hay varios: los censores, el miedo, el almanaque&