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13 de diciembre de 2018 02:30:46 | Edición impresa | Síguenos en: rss

La Columna

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Be careful, arma letal

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Por Jorge Alberto Piñero (JAPE)

La lluvia ha sido la protagonista indiscutible de nuestros últimos días y, por ende, tal fenómeno natural me ha llevado a revisar nuevamente las páginas del libro Be careful, arma letal, del Doctor en Ciencias Naturales y geofísico británico, de origen asiático, Katandog Rain. Este volumen, considerado best seller durante diez años consecutivos en la red de librerías Rains books, de Chongqing, propiedad de su padre, encierra en varios capítulos todo lo concerniente a las posibilidades de homicidios no culposos y decesos no premeditados, causados por el hombre en su ilimitado estado de inadvertencia, conocido en el occidente latino como «estar comiendo&», entretenido.

Rain dedicó en su libro todo un apartado nominado Muerte bajo la lluvia, que posteriormente dio título a 25 versiones fílmicas, entre estas La muerte camina en la lluvia (1948), dirigida por Carlos Hugo Christensen. Dead Under Rain (título original del capítulo) advierte en sus párrafos iniciales: «Una anciana, en una avenida sumamente transitada, con una sombrilla, en un día lluvioso, puede considerarse un arma homicida, incluso de exterminio masivo».

Para que tengan una idea real y puntual del hecho les diré que Katandog era tuerto. Bajo su arco superciliar derecho había un profundo vacío. Este espacio disponible quizá influyó en su posición política, ya que no veía con buenos ojos las proyecciones de derecha. Lo cierto es que su ojo derecho decidió marchar enganchado en la punta de una sombrilla portada por una anciana, una tarde lluviosa cerca del London Bridge.

Coincido plenamente con Katandog Rain, sin culpar únicamente a las ancianas. Muchas personas maniobran sombrillas y paraguas bajo la lluvia (y en lugares techados) sin precaución alguna, sin importarles nada. He visto incluso ciudadanos entrar al atestado ómnibus, paraguas en mano, batiendo a la multitud cual caballero (o dama) medieval arremete contra molinos.

En épocas modernas en que los diseños rompen las escalas estándares, se fabrican sombrillas que más bien parecen bohíos o casas de campaña. Muchas personas indolentes portan dichos parapetos por aceras estrechas y son incapaces de al menos levantarlos para dejar pasar al resto de los transeúntes. ¡No!, el que quiera conservar su cabeza, con ojos incluidos, que se agache o pase por otro lado, aunque esté lloviendo.

En otro acápite, Rain dirige su análisis en el peligro letal que encierran los pulidos pisos de portales, aceras e incluso ladrillos o adoquines de algunas calles de su ciudad natal. Al respecto señala: «Vieja costumbre de amas de casa y barrenderos la de pulir senderos hasta sacarles brillo. Quien tanto desee brillar que viaje al Sol, quien tanto desee deslizarse y patinar que se vaya al& Himalaya».

Transportándonos en el espacio y el tiempo, podríamos parangonar este señalamiento con una nueva costumbre a lo largo de nuestro país de azulejar las aceras. Ese suelo pulido por el que transitan multitudes constituye un peligro eminente, sobre todo en días lluviosos. También es cierto que las condiciones deplorables de muchas de las aceras conllevan a ejercer una acción constructiva por cuenta propia para que no le reste belleza a nuestra fachada. Estamos de acuerdo, pero solo hágalo con hormigón como está establecido para las áreas comunes. Existen lugares en el mundo (y nosotros pertenecemos al mundo, aunque a veces no lo parezca) en que estas acciones son multadas y si algún peatón sufre accidente por resbalar tiene el derecho de demandar al dueño de la fachada y del inmueble a que pertenece.

Sin ánimo de irrespetar a nadie hago estos señalamientos en aras de evitar males mayores en estos días de lluvia que parecen no tener fin. Seguiré leyendo este apasionado e interesante libro en el que sé aparecerán otras figuraciones que podrían servirnos de ejemplo.