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17 de agosto de 2018 17:25:38 | Edición impresa | Síguenos en: rss

La Columna

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¿Peludo o pelado?

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Por Jorge Alberto Piñero (JAPE)

SOY un hombre muy velludo, de esos que llaman osos.

Tengo pelos hasta en la planta de los pies& Mejor

empiezo diciéndoles que yo era un hombre casado, con

hijos, un empleo. Hacía lo que me gustaba y si tenía

algunas insatisfacciones con la vida las compensaba

pensando que había mucha gente con más problemas

que yo. Mi esposa, sin ser una Afrodita, se conservaba

bien, y sobre todo me amaba. Decía que yo era su peluche&

Ya saben por qué.

Amalia sí es una Afrodita. Describirla me afectaría

mucho emocionalmente. Resumiré diciendo que no le

falta ni le sobra nada. Quizá no tiene la madurez necesaria,

pero yo no la quería para batido. Desde el primer

momento en que comenzó a trabajar en mi oficina me

llenó los ojos, la mente, la esperanza& y me vació el

bolsillo complaciéndola en todos sus antojos. No me

quejo, porque al final me llevé el gato al agua, literalmente.

Alquilé una casa en la playa para dos, y allí

alcancé el sueño que me tenía perturbado en los últimos

meses.

Comenzamos una relación extramatrimonial, mejor

dicho, comencé, porque solo yo era casado, si no

hubiéramos sido felices los cuatro, como la canción.

Aunque en realidad solo éramos felices ella y yo. Mi

esposa no sabía nada.

Amalia y yo nos llevábamos bien. Coincidíamos en

muchas cosas, a pesar de una pequeña diferencia de

edad entre ambos. Apenas cinco lustros& Sí, está

bien, 25 años&, pero todo marchaba bien hasta un día

en que sugirió me depilara un poco: «Tanto pelo es antihigiénico

», aseguró. Yo la rebatí diciéndole que si el

hombre y la mujer tenían pelo en algunas partes del

cuerpo, de forma natural, es porque eran necesarios y

alguna función cumplían, más allá de la estética y la

limpieza. Ella me conoció así, por lo tanto, no entendía

a qué se debía el cambio ahora. ¡La abundancia de

cabello es una muestra de masculinidad!, sentencié

sin apenas pensarlo. Ella solo comentó: «No creo que

tú seas mucho más masculino que Bruce Willis o Vin

Diesel». Recogió su ropa, se vistió y se fue.

Dejamos de vernos por varios días. A veces la divisaba

en los pasillos de la empresa hablando con algún

joven calvo. Aquello me llenaba de ira y estupor. La cité

para un encuentro fortuito con intención de buscar un

arreglo. Solo me afeitaría algunas partes no visibles,

fue lo acordado, y sellamos el pacto entregándonos al

amor «limpios» como el desierto.

Esa misma noche, durmiendo al lado de mi esposa

comprendí la magnitud del error que había cometido:

¿Cómo le explico a mi cónyuge, cuando exija su derecho,

que su querido peluche estaba despeluchado?

Un amigo actor fue el que me dio la solución: «Haz

como en el teatro, la tele y el cine, cuando te haga falta

pelo, te lo pegas, luego lo despegas con cold cream». El

mismo me consiguió los materiales y todo funcionó bien

al principio. Luego mi amigo se fue de viaje y no tenía quien

me consiguiera la materia prima y en algún que otro

momento tuve que suplir con felpa y baje. Cuando estaba

con mi esposa apagaba la luz para enmascarar un poco

«los efectos especiales» en mi piel.

El final fue desastroso. Mi esposa me sorprendió en

plena acción de «maquillaje». Tuve que contarle toda la verdad.

Amalia se fue de la empresa con un joven calvo y yo

ahora estoy en una sala de cuidados intensivos sufriendo

una dermatitis severa. Nunca antes sirvió de mejor