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23 de noviembre de 2017 02:08:53 | Edición impresa | Síguenos en: rss

La Columna

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Micción Imposible

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Foto: Adán Iglesias
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Por Jorge Alberto Piñero (JAPE)

 

No solo de las esbeltas columnas; también de los oscuros pasillos, las desprotegidas escaleras, y sobre todo, de los desolados tanques de basura, surgen estas fuentes de inconstante caudal compuesto por los desechos líquidos de transeúntes en apuros.

Recuerdo que años atrás, estas imágenes tenían solo una época de esplendor, solo unos días de inevitable presencia. Era cuando tenían lugar los carnavales. No había manera de que dieran abasto los baños sembrados a lo largo de todo el paseo. Miles de personas consumiendo cerveza no tenían la menor posibilidad de evacuar y acudían a la aliviante protección de la penumbra. Y como un susurro, acompañado de algunos suspiros de satisfacción, nacía el torrente.

Pero maestro, es que ya no  hay carnavales, o al menos, no como los de antes. La cerveza ahora es en divisa y los festejos duran solo una semana& ¿y el resto del año qué? Ya no se hace necesaria la noche, ni la penumbra. A cualquier hora del día ves ciudadanos recostados, sin recato alguno, junto a los tanques de basura, orinando a plena luz del sol. Quizás como decía el lobo de caperucita: para verla mejor.

 Quienes sacan a sus hijas pequeñas, o a las esposas a pasear por las calles habaneras, deben estar constantemente al asecho para evitarles desagradables vistas panorámicas. A veces me he acercado a los basureros para ver si han colocados urinarios y soy yo quien no me he enterado. Considero a los compañeros que se encargas de la recogida de los contenedores de desecho. Además de guantes deberían llevar sombrillas para evitar ser roseado por el dueño de alguna incontenible vejiga.

Algunos dirán que el problema se debe a que no existen baños públicos. Es cierto. Crear este tipo de servicio en una ciudad con tanta densidad de población es una tarea pendiente (desde hace muchos años) de nuestros gobiernos del Poder Popular. Pero también es cierto que la necesidad se ha ido convirtiendo en una indisciplina social. He visto quien, jugando dominó en un parque, o en una esquina, prefiere descargar en la calle, que llegarse a su casa a solo unos metros de distancia.

De todas formas no quiero epatar con nadie acerca de este tema. Es posible que yo también haya incurrido inconscientemente en esta falta. Mi intención es proponer algunas variantes que amortigüen el problema. Por ejemplo: podríamos poner estanquillos las 24 horas, donde se expendieran, a módicos precios, algunos adminículos (parecidos a las sondas) con el fin de que los más necesitados puedan mitigar sus penas y llevarlas como suvenir a casa. Podrían colocarse urinarios de pared, con todo el herraje previsto, junto a los tanques de basura a fin de que el cliente se sienta a gusto, digamos que en su entorno. A estos contenedores en vez de pintarles el número de la calle a que pertenecen, podríamos rotularles los pronombres: ELLAS y ELLOS.

La más viable pudiera estar en manos de los cuentapropistas. Aquellos que deseen dedicarse al servicio de baños públicos pudieran hacerlo en mutuo acuerdo con recreatur y gastronomía. Habría ofertas desde el sencillo tibor bajo la cama, en una simple habitación, hasta el impecable inodoro marca Corona, con aire acondicionado y música indirecta. Una asistencia eficaz al alcance de todos los bolsillos y para todos los impuestos.