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23 de noviembre de 2017 02:09:40 | Edición impresa | Síguenos en: rss

La Columna

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El humor: puente de comunicación, directo y provocador

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Reynerio Tamayo Fonseca Foto: Adán Iglesias

Por Jorge Alberto Piñero (JAPE)

«Desde pequeño me gustaron las artes plásticas, muchas veces en vez de bajar a jugar pelota con mis amigos, me ponía a dibujar en páginas en blanco. Imitaba los trazos de Juan Padrón, o de la serie de historietas que protagonizaba el personaje Naoh, en Los conquistadores del fuego, que se publicaba en Pionero. Así empezó esta devoción que siguió alimentándose con el tiempo».

Me dice Reynerio Tamayo, el más reciente ganador del Premio Abela que otorga la Bienal Internacional de Humor Gráfico de San Antonio de los Baños. Su vocación por las artes plásticas creció en diferentes talleres durante sus estudios primarios. Así conoció los principios del cómic, de la caricatura personal, del humor gráfico, todo muy elemental, pero despertaba cada vez más su interés a tal punto que comenzó a participar en algunos concursos provinciales, y en pequeñas exposiciones locales.

«Se funda entonces la escuela elemental de arte en la Isla de la Juventud y mi madre me lleva a hacer las pruebas de actitud. En este centro tuve la suerte de tener grandes profesores como Ada Elba Pérez, Ramón Casas, Agustín Villafaña, José Ramón, Amelia y Angelito, la gente de Terracota cuatro. Es aquí donde con más rigor comienzo a conocer las técnicas de la pintura, el óleo, el acrílico, la acuarela, la tempera, a dibujar con creyón, grafito& Posteriormente entro en la ENAP. Mayor rigor académico, los ejercicios libres con profesores como Antonio Vidal, de los que mejor me enseñó a pintar el óleo& Llego al ISA y es cuando termina la academia y comienza el trabajo creativo».

Luego de trabajar un tiempo en el dedeté y en otras publicaciones, reapareces con una propuesta más elaborada, con otros soportes, grandes formatos, otras técnicas& ¿Qué te llevó a ese trabajo?

Fue una suerte haber pasado por las escuelas de arte. No cabe duda de que ahí recibes un arsenal de conocimientos, de técnicas. Estás confrontando el trabajo de muchos colegas, de muchachos que ya son grandes pintores. Había influencia en mi medio: la escultura, la instalación, una serie de cosas que resultaba inevitable no entrar en el «juego».

«Estuve en el ISA en un momento en que había un gran fervor, un movimiento muy fuerte; y yo, por supuesto, con mis temáticas, mis inquietudes, me permeaba de todo eso. Tuve profesores como Consuelo Castañeda, José Bedia, Pepe Franco, Flavio Garciandia, Carlos García, entre otros, que constituían lo mejor de la plástica cubana de aquella época. Todos los días había que pintar eso que llamamos pintura seria. Había que mostrar obras porque teníamos prueba todos los semestres. Los colegas te alentaban a seguir con el humor, pero incorporado a todo ese conocimiento, todas esas técnicas aprendidas. Entonces me pruebo con formatos grandes, busco la idea en la que siempre haya humor, pero que el resultado sea lo más pictórico posible. No se puede olvidar que a la hora de ver un cuadro se aprecia todo, la idea, la belleza de la pincelada, el tratamiento, las texturas, todas las riquezas que te permite el mundo de las artes visuales.

«Amén de todo esto, nunca me desconecté del humor gráfico, quizá porque fue lo primero que hice. Al final fui descubriendo una manera, una filosofía, de cómo expresarme, de cómo ver el mundo. El humor es un puente de comunicación directo y provocador, para hacer pensar.

«Soy mucho más directo en el humor gráfico. La pintura tiene otro lenguaje, otro soporte, otras motivaciones, es más para contemplar, aunque al final es casi lo mismo. No veo divorciado al humor gráfico y a la pintura que hago. Me da igual tener una cartulina con tinta o comenzar a trabajar en un lienzo, para mí es una sola cosa. Es como tu propio baúl que vas llenando o vas reciclando. Forma parte del hecho creativo».

¿Será por esto que tu trabajo más cercano al arte Pop, está influenciado por la historieta?

En esto de la creación viajamos en círculo, avanzas con cosas nuevas que vas descubriendo, pero también regresas a cosas que has hecho hace mucho tiempo. Me gusta mirar estos trabajos y curiosamente quiero rescatar esas cosas desde una mirada actual, desde el conocimiento y la experiencia, desde otra posición intelectual, pero con la misma esencia.

«Si hago las cosas Pop, viene del origen, que es la historieta, que es de las primeras cosas que comencé a hacer. Asumo esto sin complejos. Mucha gente me dice que yo he sido muy obstinado con el mundo del humor, con esa temática, y les digo que no, que es lo que sé hacer, es lo que quiero hacer. Yo pudiera pintar paisajes, es legítimo; o pintar academia, también es legítimo. Al final es la libertad de cada persona, pero no puedo hacerlo porque no me nace. Cuando utilizo algo académico, es en una obra con una temática en concreto.

«Otra razón es que el Pop me fascina, es el resultado de los medios de producción de masa, muchos artistas del Pop se inspiraron en el comic, en la historieta, en los colores, las tramas, en parodiar las tramas al estilo de Andy Warholl, en toda la estética del Pop, porque ya en los periódicos comenzaba a salir el comic en colores. Voy a continuar con eso también, no en todos los cuadros, porque mi obra es muy heterogénea, pero sí aparecerá porque me divierto y la paso muy bien».

En tu obra intercambias muchas ideas. ¿Te consideras un amante de la cultura en general, o específicamente hay algo que te atrae dentro de todo ese cúmulo de información?

Soy un amante de la vida. En el mundo en que vivimos ocurren millones de cosas. El bombardeo de información y de acontecimientos que están ocurriendo a diario es muy fuerte. Al final ves que los problemas comunes del hombre contemporáneo existen lo mismo en España, en Australia, en Inglaterra, que en Cuba& Son los problemas del mundo moderno. Todo eso lo recibes y de alguna manera quieres contarles a las demás personas sobre estos problemas; y sobre las cosas buenas, las cosas lindas de la vida, que también las hay. Honestamente, cualquier tema me vale. Ahora que he retomado con fuerza el humorismo gráfico, te das cuenta de que cualquier tema es válido. La vida te impone constantemente un leiv motiv para hacer una obra, para la creación. Esto en el humor gráfico se concreta con mayor rapidez, la pintura te exige más tiempo: preparar el lienzo, escoger las técnicas, el formato es mayor&

«Para todos los casos hay que estar informado. Toda esta información la metabolizas, la transformas, la metes en tu interior, lo llevas a un proceso creativo y lo sacas. Soy sensible a todo. ¡Es la vida! A veces estás viendo un buen partido de beisbol en la tele, y cambias, y en el otro canal comentan sobre una explosión con muchas víctimas, y en otro noticiario te anuncian una exposición que se inaugura en un museo. Para mí lo más importante es la vida».

El armamentismo, el humor político, forman un segmento considerable en tu obra. ¿Es parte de la vida como un todo, o te lo propones particularmente?

A veces soy consciente, a veces no. Todo no es tan racional en la creación artística. Hay respuestas instintivas a cosas que están sucediendo en la realidad. A veces te llegan por asociaciones, se multiplican en la dinámica creativa. Todo este tema bélico lo he tratado más desde hace dos o tres años, porque ahora soy padre de un niño pequeño. Soy más consciente del peligro que significa una guerra, donde nadie gana, o donde casi siempre los que pierden son los mismos: la gente inocente. Cualquiera que sea la religión, las ideas que profesen, el sistema político. Siempre la carne muerta la ponen los inocentes y cada día más. Soy pacifista. Soy un tipo que fundiría un tanque de guerra para hacer cucharas para comer, o picos, palas, herramientas para construir. La guerra es el acto supremo de la perversión humana».

Tu entorno no siempre ha sido el mismo. Viviste algunos años en España. ¿Cómo influye y reflejas ese período en tu obra?

Fue una etapa de mi vida muy buena en el sentido de que choqué con otra realidad, con otras personas, interactuando con otra cultura. Una cultura cercana, porque somos producto ancestral de España, pero al final somos bastante diferentes. Trabajar con una galería me apoyó en mi desarrollo. Fue una época en que me interesaba mayormente por la influencia del arte barroco, de los grandes pintores españoles como Velázquez, Goya. Mi trabajo fue dirigido más bien a la historia del arte. Visité muchos museos, tenía posibilidades de viajar por todo ese país y el resto de Europa. Fue una época de retroalimentación, de búsqueda, de aprendizaje individual. No aquello que aprendí en la escuela, sino ver personalmente los clásicos, disfrutar sus técnicas, su obra de manera directa. Fue una época donde hice muchas cosas que aprecio y otras que no me gustan para nada».

¿Entonces puedo considerar que hubo un punto de giro en tu vida artística al regresar a Cuba con esa carga profesional y encontrarte con una realidad diferente a la que dejaste años atrás?

En los últimos años fue más evidente este cambio, pues vivía algunos meses en Cuba, otros en España, pero comenzaba a sentir que la realidad cubana, con su locura y su surrealismo, me seducía, o sea, que nunca perdí esa vivencia&

¿Y cómo lo expresaste? ¿No recuerdas las temáticas recurrentes de aquel momento?

No recuerdo concretamente, pero por esa fecha me invitaron a la 9na. Bienal de La Habana, creo que en el 2006, donde presenté la obra El taxi tiburón que reflejaba la problemática del transporte. Muchos años antes había explorado en ese tópico con la obra La guagua de Guernica. Ya lo dije: uno regresa a las obras anteriores, reciclas tu propio trabajo. Lo cierto es que en ese momento todo cuanto me estaba pasando desembocaba en mi obra. Aunque utilices símbolos universales, se resume en vivencias cotidianas, del intercambio criollo del cubano, lo que se vive en la calle.

«En aquella España de principios del siglo XXI no había crisis. Todo era muy estable. Al llegar a Cuba todo es muy provisional, cada día surgía algo nuevo y como vives del arte tienen que estar constantemente a la expectativa. Venía de un lugar donde todo estaba aparentemente perfecto, la nieve, el invierno, muy chévere para pintar, pero te dormías con eso. En Cuba no hay tiempo para suicidarse, el aburrimiento no existe, siempre hay mucho que hacer, aparte del tema de la familia. Siempre hay una exposición, algún suceso cultural, los amigos que van y vienen& No hay tiempo para nada».

Luego de alcanzar un estatus, marcado por diferentes exposiciones personales y colectivas, compartidas con nombres de reconocido nivel, regresas a la Bienal de San Antonio con obras de humor gráfico, ¿por qué?

Es un privilegio participar con mis colegas y amigos pintores: Los carpinteros, Alexander Arrechea, entre otros. Realmente no sé que podría marcar un estatus. Quizás desde el punto de vista artístico de mercado. Son artistas que están conectados con las grandes ligas, que trabajan con importantes galerías, con buenos proyectos como Garaicoa. Yo no trabajo con ninguna galería, soy un free lance, mi obra hasta ahora no está introducida en el mercado. He tenido la suerte de que hay personas que sí les gusta coleccionar mi trabajo, incluso fundaciones que se interesan por este tipo de propuestas, que quizá les parezca raro. Precisamente tiene que ver mucho el humor con eso, por lo palpable que resulta en mi obra.

«Mi regreso a la Bienal del Humor es culpa de Ares, quien hace varios años me provoca, me anima a que retome el humor gráfico a partir de cosas que ya había hecho en mis orígenes. El planteamiento de Ares es muy sencillo: él me dice que soy un tipo que genero muchas ideas y que el trabajo en grandes formatos no me permite realizarlas todas, sin embargo el humor gráfico sí. Con una simple cartulina y en poco tiempo das vida a tus ideas. Con la ayuda de Ares comencé a hacer nuevamente humor gráfico, pero sin intención de enviarlas a una publicación. No vivo del humor gráfico y es lo mejor que tiene. Después de trabajar en el taller, llego a la casa y a veces tomo mi cartulina y comienzo a hacer bocetos. Sin apuro le doy tinta, a veces acuarela& Posteriormente, con un informático, elaboro colores en Fotoshop. Me siento cómodo porque existía esta inquietud, solo que estaba dormida. Lo disfruto mucho, no es algo condicionado. Es un ejercicio que me permite canalizar muchas ideas que no puedo reflejar en la pintura o que no me interesan para los grandes formatos.

«Luego de un tiempo haciendo estos trabajo he tomado conciencia de que mi propuesta de humor gráfico pudiera interesar, y entonces me decidí a enviar a algunos concursos, entre ellos la Bienal, que no significa un fin. Quiero seguir haciendo cosas, y vendrán nuevas cosas. Este trabajo lo veo como un dibujo donde cuento cosas, pero no lo divorcio de la pintura sobre lienzo que es a lo que más le dedico tiempo».

¿Qué opinión te merece la Bienal, tanto tiempo después?

Hay que ver la Bienal Internacional del Humor de San Antonio de los Baños antes y después del período especial. Fue un suceso en el que coincidieron muchas limitaciones. Algunas de ellas aún persisten. Cerraron muchas publicaciones y espacios donde la gente, particularmente los más jóvenes, podían ver impresos sus trabajos. Para mí volver a la Bienal ahora resulta muy complejo porque yo viví bienales muy lindas, espectaculares, donde había una notable participación de autores cubanos y extranjeros, con muchísima calidad. Yo pienso que las de antes eran mejores que las de ahora.

«Lo más significativo que ocurre ahora es que a la Bienal acude una generación de creadores jóvenes que hay que asumirlos, encaminarlos, pulirlos. Muchachos con buenas ideas que todavía no dominan el dibujo, que no tienen un sello propio, pero tienen mucho interés. Las artes plásticas requieren de tiempo, de constancia, de confrontación, y esa es una tarea de nosotros.

«Me gustaría que la Bienal mejorara el tema del montaje. Al Museo le hacen falta medios, apoyo de otras instituciones, y del Gobierno. No es justo que se pierdan grandes colecciones de humor gráfico, obras de un gran valor histórico, sin que sean expuestas nuevamente, recicladas a la vista de las nuevas generaciones.

«Es necesario también que la prensa se haga eco de este suceso, que se implique un poco más, que haya más promoción en todos los medios. Estamos hablando de una de las bienales más antiguas e importantes en la cultura cubana, que forma parte de las simientes del humor en Cuba. Es un gran archivo, es un Museo Internacional y debe tener medios para resguardar y promover todo este tesoro. El trabajo para rescatar nuestro humor gráfico debe ser más intenso, deben existir más galerías, más espacios relacionados con este arte. Tenemos grandes especialistas dispuestos a cooperar, pongo el ejemplo de la licenciada Caridad Blanco, quien ha hecho un trabajo destacado desde las artes visuales, con su crítica, con su curaduría, alentando a los jóvenes como Ramiro Zardoyas, que es un gran artista».

Entonces, ¿te duele la Bienal, o la disfrutaste?

Ambas cosas. Pienso que la exposición que hicimos Boligán, Ares y yo fue importante para el humor gráfico. Acudió mucha gente. Fueron muchos artistas que no acostumbran a visitar las expo de humor gráfico, que se sorprendieron, pues no imaginaban las posibilidades de expresión que tiene este género. No saben que venimos de ahí, de la historieta, del comic, que esos son nuestros orígenes como artistas de la plástica.

«En la próxima cita me toca ser presidente del jurado, y queremos hacer algo para elevar el nivel, sobre todo el competitivo que da lugar al buen arte. No tengo una fórmula mágica que me dé la solución, pero sí quisiera que la prensa me apoyara mucho en estas intenciones. La Bienal del Humor debe tener la misma importancia que el Festival de Cine, que la Bienal de las Artes Plásticas. Tenemos que ver cómo se aprovecha todo el recurso humano que hoy mantiene viva la Bienal, con mucha fe y voluntariedad.

«Participar en esta Bienal me ha dado la gran alegría de ganar el premio (que me hubiera gustado obtener en un mayor nivel competitivo) que me crea un compromiso con el humor gráfico cubano. Desde ya he creado el compromiso con los grandes autores de la plástica cuya obra está relacionada con el humor gráfico, como Abela. Participarán junto a nosotros (Ares, Boligán y yo) en un salón donde vamos a pintar, vamos a dar colores, vamos a jugar con las pinceladas, vamos a divertirnos. Llevar el humor a la pintura o viceversa. Será un ingrediente más de estímulo, de atracción para los jóvenes. Tenemos que crear algún evento intermedio. Que no haya que esperar a que pasen dos años para volvernos a ver. Quizá el Centro Promotor del Humor nos puede ayudar en esto, ellos que siempre han apoyado al humor gráfico en sus Festivales Aquelarre.

«Hay que hacer mucho más. No estamos a la altura de lo que se está viviendo en todo el mundo con el humor gráfico a partir de las nuevas tecnologías, de los nuevos lenguajes digitales. El humor gráfico es cada vez más complejo, se fusiona con otras técnicas como la ilustración, el cartel, el mundo audiovisual de los juegos, del animado. Noté que faltaba mucho de esto en nuestra Bienal. Tenemos que aceptar el reto y darle a nuestras propuestas ese sentido de nuevo lenguaje que impera en el mundo contemporáneo del humor gráfico».