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8 de noviembre de 2026 11:00:01 | Edición impresa | Síguenos en: rss

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Nos queda su inolvidable esquina, y su inmenso humor

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Mariconchi, «la reina del desparpajo», inolvidable personaje de nuestros tiempos Foto: Jorge Alberto Piñero (JAPE)

Por Jorge Alberto Piñero (JAPE)

Fue una de esas noticias que quisieras que nunca llegaran, estés donde estés. De esas que rompen el silencio y te hacen sentir triste, reflexivo e incluso filosófico, ya que no logramos comprender por qué pasan, aunque a veces pueda resultar muy natural. Lo cierto es que hace unos días recibí la noticia del fallecimiento de un excelente humorista y gran amigo. Los integrantes del grupo de WhatsApp de los miembros del Centro Promotor del Humor reaccionaban con marcada tristeza ante la partida de Orlando Manrufo, el actor que inmortalizó para la historia del humor cubano el personaje de Mariconchi. Esa sui géneris «mujer», a quien un amigo bautizó como La reina del desparpajo. Hablo del desparpajo que significa tener suma facilidad, desenvoltura, frescura y espontaneidad al hablar o actuar, sin mostrar vergüenza ni inhibiciones.

Orlando también era así en su vida diaria: coloquial, dicharachero, sincero, sin pelos en la lengua. Al conocerlo, te podría parecer difícil de carácter, pero esa primera impresión quedaba atrás cuando compartías su amistad y sesiones de trabajo.

Hombre profesional con quien muchos tuvieron la dicha de compartir escena o algún programa humorístico de la tele. Según nos contara en cientos de ocasiones, fue Osvaldo Doimeadiós quien le sugirió que sacara el personaje de Mariconchi de los sketchs y lo presentara en el Aquelarre con un monólogo. Siguió su consejo y lo presentó con una propuesta que nombró Aventuras y desventuras de Mariconchi y ganó el premio Aquelarre de ese año, 1996.

Desde entonces, Mariconchi ganó en presencia y popularidad en los diferentes espacios del teatro y el humor cubano. Llegó a implantar récord de duración de una peña artística con su conocida «esquina», que hasta hace muy poco tiempo pudimos disfrutar. A pesar de que el humor cubano cuenta con grandes personajes frutos del travestismo artístico como La Pía, de Ángel García; Margot, de Doimeadiós; y Flor de Anís, de Nelson Gudín, entre otros; el personaje de Orlando Manrufo tenía un sello propio, de inmensa cubanía, quizá, por aquello que me confesó una vez: «yo veo a Mariconchi como un homenaje a Eloísa Álvarez Guedes y Consuelo Vidal, dos grandes actrices que tenían un humor muy distintivo».

Es bueno apuntar que Orlando no solo era Mariconchi. Tenía otros personajes muy bien logrados al estilo de Presbiterio, o la española, cuyo nombre no recuerdo, y que en ambos casos fueron muestra de su histrionismo. Esa entrega por el arte escénico que comenzó a cultivar desde muchos años atrás en que formó parte del prestigioso grupo de teatro Olga Alonso.

Casi todos le conocían por Manrufo, que también fue un hombre de un extenso conocimiento, de muchas anécdotas ligadas a nuestro acervo cultural, vividas a lo largo de su existencia siempre ligada a la escena y, sobre todo, al intenso y duro bregar de los cubanos. De ahí se alimentaba para dar vida a su eterna Mariconchi. Eso era Orlando Manrufo: una voz conocida y aclamada por su pueblo, sin ambages, sin medias tintas, y con mucho humor.