Para no perder la memoria
He recibido un gran regalo, un inmenso regalo, de manos del colega y amigo José (Pepe) Pelayo. Sí, de Pelayo, el otrora director del popular grupo La Seña del Humor de Matanzas, que hizo reír a millones de cubanos, en la década de los 80 del siglo pasado. Se trata del libro número 82 en la carrera artística de este relevante escritor, investigador, humorista y colaborador de múltiples espacios promotores del buen humor en todo el mundo, incluyendo su sitio web Humor Sapiens, tan elogiado y visitado por estudiosos y profesionales del humor, y por quienes simplemente abogan por el arte de hacer reír como el mejor lenguaje con que cuenta la humanidad.
Y quizá en esta última línea está toda la esencia de lo que significa dicho volumen que reúne más de 500 síntesis biográficas de creadores del humor cubano, ya fallecidos, pertenecientes a todas las épocas y a las más diversas manifestaciones artísticas: literatura, gráfica, teatro, cine, radio, televisión, video, música, fonomímica, dramaturgia, guion, actuación, artículos periodísticos&
Estamos ante una obra de arte que ayudará a conservar la memoria cultural de Cuba. Un importante pedazo de nuestra identidad como nación. Una profunda investigación y entrega que hará más comprensible la idiosincrasia del cubano y su más auténtica historia como principal detonante de nuestro desarrollo social.
Memoria biográfica del humor cubano, tal como ha titulado y comentado su autor, «no es una enciclopedia ni un diccionario. Es, ante todo, un ejercicio de memoria cultural: un intento de rescatar del olvido nombres, trayectorias y aportes que ayudaron a construir la risa, la sátira, la ironía y la inteligencia humorística en Cuba».
Este libro, que en su segunda parte acuna extensas entrevistas realizadas por Pelayo a hijos de varias glorias del humor cubano como Enrique Arredondo, Reynaldo Miravalles, Argelio García Rodríguez (Chaflán), Alberto Luberta, Juan Padrón, Idalberto Delgado y a Raúl de la Nuez (hermano de René de La Nuez), nos llega en tiempos en que la urgencia de subsistir y la banalidad hace mella en la memoria y borra todo vestigio de amor y compromiso con el tiempo que nos tocó vivir; o simplemente, como señala el autor: «porque soy un humorista que con los años sintió la necesidad de estudiar el humor para entenderlo mejor; porque lo ama profundamente. Porque me siento cubano también desde el humor: por el que hice en Cuba, pero también por el que sigo haciendo fuera de ella y por el que he estudiado y promovido durante décadas. Nace desde ese lugar, no desde un escritorio universitario. Y nace con placer, con orgullo y con respeto».
No he sido el único que ha recibido este regalo, otros creadores, especialistas y humoristas cubanos han gozado de la amabilidad del autor, ante la imposibilidad de sus coterráneos de obtenerlo en Amazon, donde está a la venta para todos los interesados. Pienso que hemos sido privilegiados de tener en nuestras manos el fruto de muchos años de intensa investigación y febril empeño. Ojalá todos pudieran comprender el alcance de esta monumental obra. Me sumo a las palabras de José Pelayo, cuando nos alerta de que «conservar la memoria del humor es también defender una parte esencial de la cultura y del alma de un país».