Con tu inolvidable sonrisa
Ha fallecido un gran actor, un gran amigo, un gran hombre de inmensa profesionalidad, sensibilidad inigualable y exquisito sentido del humor. Jorge Losada Moreno nos deja un intenso dolor. El profe Losada, el incansable amigo de todos, el simpático personaje Fin de Siglo, que acumulaba siglos de amor, conocimientos y miles de anécdotas, todas brillantes, todas llena de cubanía y pasión por nuestra cultura.
No me detendré a exponer una vez más su inalcanzable currículum que comenzó como recitador en Radio Mambí a los 18 años, motivado por un mal de amores, según nos comentó muchas veces.
Cursó filosofía en los Estados Unidos gracias a una beca, y regresó a Cuba. Luego de estudiar en la Academia Municipal de Arte Dramático, integró el grupo teatral Rita Montaner para formar parte indisoluble del gremio de las grandes figuras que conformaban nuestro patrimonio cultural.
Lo demás, aunque a veces poco se difunde, mucho lo saben. Losada participó en decenas de películas cubanas. Fue actor y subdirector del Estudio Lírico Alina Sánchez. Trabajó en importantes escenarios del mundo incluyendo nuestro Teatro Musical de la Habana del que hablaba con una mezcla de cariño y dolor por su lamentable desaparición. La televisión fue su casa en todos los géneros manejando con igual maestría el drama y el humor.
Sobre el humor quiero hablar porque es lo que más realizó en estos años en que se convirtió en el padrino, (por llamarlo de alguna manera) de muchos humoristas. Cualquiera que fuera el proyecto siempre era de los primeros en el set de grabación, con su alegría y optimismo contagioso y el siempre bien recibido consejo. Muchos le preguntaban que por qué no le habían dado el Premio Nacional de Humor, él respondía que estar nominado ya era un premio y que el mayor premio que podía recibir era sentirse querido por los humoristas y el pueblo.
Partió Jorge Losada y con él perdemos una significativa parte de la historia de la cultura cubana, encerrada en su vida, en sus anécdotas, en ese inmenso archivo llenos de distinguidas fotos que siempre tenía a mano para mostrar lo más bello y auténtico. Las tantas estrellas que conoció, con las que compartió el escenario, la vida, y cuánto lo querían.
No olvidaré aquellas tardes de visita en su casa que, programábamos para unos minutos, y se nos iban horas escudriñando en los archivos, en los recuerdos y en su eterna sonrisa. Otra vez dejamos ir la memoria viva sin dedicarle todo el tiempo que merecía; sin permitir que nos hiciera llegar, de primera mano, la verdadera historia, las más recónditas vivencias y momentos que también componen nuestra identidad.
No te decimos adiós querido amigo, siempre estarás entre nosotros con tu inolvidable sonrisa.