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3 de marzo de 2024 18:06:58 | Edición impresa | Síguenos en: rss

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Pospongo mi cumpleaños

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Pospongo mi cumpleaños Foto: Arístides Hernández

Por Jorge Alberto Piñero (JAPE)

Nuevamente mi amigo Juan Carlos Teuma se convierte en el resorte inicial de uno de mis estudios que, por lo general, comparto con ustedes en este ya legendario espacio del dedeté.

Hace pocos días me lo encontré en una parada donde lo confundí con un árbol, no sé bien si porque ya había oscurecido, o porque parecía haber echado raíces en ese espacio de escasa vegetación que existe en la acera al borde del contén.

Su cara era todo un poema surrealista y de sus labios brotó una rara sonrisa. Después balbuceó una frase: «¡Esto no es vida!». Supe que llevaba más de una hora en ese lugar, tras haber caminado decenas de cuadras buscando ubicarse en un mejor sitio, donde suponía podría atrapar algún transporte que lo llevara de vuelta a casa, tras finalizar su horario laboral.

Hablamos de muchas otras cosas en media hora más sin que pasara nada. Luego decidimos continuar viaje caminando y cada uno enrumbó hacia su morada, en direcciones opuestas.

En mi trayecto pensé en la frase de bienvenida que mi amigo masculló y comencé a sacar cuentas en la mente. Con varios intentos comprobé que se trataba de un asunto que requería investigación, una potente calculadora y algunas horas de profundo quehacer matemático.

Con amigos, amigas, vecinos y vecinas, valga la redundancia, porque como dice el refrán: «No hay mejor hermano que el vecino más cercano», pude comprobar que la mayoría permanece entre 45 minutos y hora y media, como promedio, en una parada esperando por «algo» que los lleve, o al menos los acerque al lugar de destino, que casi siempre se trata de su centro laboral. La palabra «algo» resume en buen cubano un amplio diapasón que va desde la popular gacela, pasando por los taxibús, fletes ocasionales, ómnibus urbanos, los P (articulados o no), triciclos eléctricos, o algún socio que pase en bicicleta, entre otros& No agrego el transporte particular porque adicionaría sesiones de electrocardiograma a la investigación.

Este tiempo, que como dije es promedio, suele duplicarse, ya que, por lo general, nadie duerme en el trabajo, aunque no descarto que en un futuro no lejano sea una de las posibilidades propuestas dentro del plan de correcciones. O sea, que ese tiempo puede llegar a ser de tres horas al día, de lunes a viernes (quito sábados y domingos, para no parecer exagerado), las cuatro semanas que habitualmente consume un mes, los 12 meses, que desde tiempos remotos compendian un año. Ese cálculo me da un cómputo de 720 horas, que divido en 24 horas, que hasta ayer mismo conformaban un día; y hago esta aclaración porque ya sabemos que hay cosas y precios que cambian de un día para otro.

Pues bien, esta operación puramente matemática, me da como resultado 30 días, que habíamos acordado que significa un mes.

Aunque parezca simple, y ya lo advertí con anterioridad, a este tiempo x, para no llamarlo tiempo perdido, habría que sumarle el x tiempo que pasamos en las diversas colas que conforman nuestras contemporáneas vidas. Tiempo realmente difícil de encerrar en una cifra numérica, dada la inestabilidad del dato.

No piense que ya terminamos con el álgebra. No, porque estamos abordando las matemáticas sobre estructuras abstractas y operaciones aritméticas que nos indican que también debemos operar con el número racional (o irracional) de las horas de sueño.

Según algunos científicos las horas de sueño, aunque significan una actividad esencial en la vida humana, constituyen una tercera parte de inactividad real en nuestra existencia. En resumen: unas ocho horas diarias, que podrían ser menor, porque dormimos mucho menos al levantarnos muy temprano para apalear el problema del transporte, o simplemente lo pasamos en vigía pensando en muchas otras cosas que no nos facilitan el sueño.

Como pueden ver, es muy complicado llegar a una cifra de horas promedio, horas x, que no cuentan en nuestras vidas tal como expusiera mi amigo en la parada. Celebrar un aniversario más de tu nacimiento, es inevitablemente cumplir un año más de vida. Por eso, como aún no he logrado concertar ese tiempo x que debemos rebajar a nuestras vidas, ahora mismo no tengo la menor idea de cuándo será mi próximo cumpleaños.