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13 de diciembre de 2018 02:14:07 | Edición impresa | Síguenos en: rss

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El filósofo Lázaro

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Firma Foto: Lázaro Fernández Moreno

Por Julieta García Ríos

Cuando nuestro espigado y destacado caricaturista y exbailarín de Tropicana, Humberto Lázaro Miranda Ramírez (LAZ) comenzó a publicar sus dibujos en la prensa, tuvo que recurrir a esta variante para firmar sus caricaturas, pues desde la década de los 70 ya aparecía en nuestros medios impresos un artista que firmaba como LAZARO. Esta diferencia de firmas en colegas de igual nombre, se resolvió rápido en el gremio al identificarlos como «Lázaro el negro» y «Lázaro, el blanco». Este último, es decir: Lázaro Fernández Moreno, el colaborador más antiguo y fiel que ha tenido el dedeté, falleció el pasado 26 de julio en esta capital.

Por casi cincuenta años se dedicó al arte de la caricatura, la que desarrolló de manera autodidacta con el inconfundible sello de su formación como ingeniero hidráulico.

Con este oficio participó en la construcción de escuelas, hospitales, hoteles, en  microbrigradas. Por su prestigio y talento como ingeniero fue convocado para trabajar en importantes obras como el Estadio Panamericano, al este de La Habana, y el Complejo de Piscinas Baraguá. Su impronta trascendió a otras latitudes: asesoró la ampliación urbanística de ciudades como Biskra, en Argelia; Tobruk, en Libia, y Misila, en Argel.

En el humor gráfico trabajó todos los géneros, pero su fuerte era el humor llamado blanco, muy reflexivo, donde el lector es más cómplice a la hora de leer e interpretar la caricatura. Fue miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, de la Asociación Internacional de Artistas Plásticos de la Unesco y de la Unión Nacional de Arquitectos e Ingenieros de la Construcción de Cuba.

Su colega y diseñador de lujo del dedeté, Wilfredo Torres nos ha confesado: «Por esa época el dedeté era una mezcla vaga de genios en embrión y personajillos geniales que visitaban la redacción con el ánimo absoluto de publicar sus caricaturas o textos satíricos. Lázaro era uno de esos. Era él. Siempre, desde que lo vi por primera vez, llegaba con su vestir recto y fino, de peinar cuidadoso y con su carpeta de dibujos bajo el brazo. A decir verdad él era una anomalía entre nosotros, sucios y sin casi dormir, «peluos» y desgarbados al hablar y dibujar. Esa fue la simiente del dedeté y Lázaro estuvo ahí. No me equivoco al decir que se ganó un puesto en la tal vez más importante publicación de humor post Revolución y defendió como pocos un humor que para esos momentos a muchos les parecía inocuo y falto de compromiso. Llegaba a nuestras mesas de dibujo y entregaba lo que traía, se reía un poco, contaba alguna anécdota corta e interesante y se marchaba tal y como había llegado. Eso se repetía quincena tras quincena. No cobraba colaboraciones. Muchos años fueron así».

Lázaro Fernández tuvo una larga hoja de servicios como ingeniero y una extensa obra como caricaturista en el dedeté o Palante. Vivió honrada y modestamente, y no atesoró más riqueza que la de la familia que fundó con Pilar Polo, con quien tuvo tres hijos: Lázaro, Alfredo e Ileana.

Del maestro Lázaro han declarado varios colegas:

No conoci personalmente a LAZARO pero su obra lo hace
parte indisoluble del gremio cubano de caricaturistas, su primer
premio en la primera bienal del Humor en  San Antonio de los Baños, es
un referente en el humor gráfico cubano. A donde vaya seguro seguirá
estando entre los buenos.

Osvaldo Gutiérrez. Fotorreportero y caricaturista de Ciego de Ávila.

Como con todos los caricaturistas, a Lázaro lo conocí  cuando llevaban tiempo publicando sus trabajos, y con sus caricaturas era imposible pasar de largo.
Tratar con Lázaro era como ver lo que dibujaba: una transacción limpia, agradable, sin choteo siempre interesante.
Rompía con muchos moldes de la gráfica cubana como promedio, cosa que habrá que agradecer más profusamente algún día, cuando no estemos tan tristes.

Gustavo Rodríguez. Caricaturista, fue miembro del dedeté.

Hubiera preferido recibir la noticia en un bar rodeado de borrachos divertidos y mujeres insinuantes y no en una ciudad donde el culto al automóvil es más importante que la vida misma. Lugar donde no vez personas caminando o amantes amándose. Solo autos aullando y chillando como bestias enajenantes. Ahí, en medio de ese caos un día de julio, temprano en la mañana leí la noticia; Lázaro Fernández el caricaturista había muerto. Creo y no miento al decir que en ese momento mis recuerdos se reactivaron y remontaron a los inicios de la década de los años 70. Por esa época el dedeté era una mezcla vaga de genios en embrión y personajillos geniales que visitaban la redacción con el ánimo absoluto de publicar sus caricaturas o textos satíricos. Lázaro era uno de esos. Era él. Siempre, desde que lo vi por primera vez, llegaba con su vestir recto y fino, de peinar cuidadoso y con su carpeta de dibujos bajo el brazo.

A decir verdad él era una anomalía entre nosotros. Sucios y sin casi dormir, peluos y desgarbados al hablar y dibujar. Esa fue la simiente del dedeté y Lázaro estuvo ahí. No me equivoco al decir que se ganó un puesto en la tal vez más importante publicación de humor post revolución y defendió como pocos un humor que para esos momentos a muchos les parecía inocuo y falto de compromiso. Llegaba a nuestras mesas de dibujo y entregaba lo que traía, se reía un poco, contaba alguna anécdota corta e interesante y se marchaba tal y como había llegado. Eso se repetía quincena tras quincena. No cobraba colaboraciones. Muchos años fueron así.

Muchas anécdotas afloran a mi memoria ya un poco desgastada vinculados con Lázaro. Aquí una de ellas. Recuerdo una vez que se interrumpió la tirada del dedete (para el que conozca del mundo editorial esto significa un caos) por un dibujo de Lázaro. Hubo que levantar ese dibujo para colocar otro. Suerte que en sus inicios el dedete se imprimía en monotipia y todo resulto bastante fácil de resolver. El dibujo en cuestión era de un pájaro que le decía a otro refiriéndose a un huevo en un nido. No lo puse, se me safo- Tal vez con el tiempo que ha pasado y todo lo que ha llovido el dibujito en cuestión hoy se publicaría sin reservas, pero eran otras épocas y momentos y el dibujo se sustituyó. Creo y sé que el guardaba el número de marras con el orgullo del gladiador que se adentra en la historia. Este tipo no era de este planeta. Su línea lo delataba. Vi con el tiempo desarrollarse a todos en la publicación. Tomy, Manuel, Carlucho, Janer, Virgilio, etc&.A Lázaro nunca lo vi dibujar y pienso que cuando realizo su primer dibujo capturo de una vez y para siempre su estilo. Nunca se sentó en una mesa de dibujo en la redacción y solo pedía incansablemente cartulinas Bristol y si se podía un pomito de tinta. En ocasiones se llevaba bajo el mismo brazo en que trajo los dibujos alguna revista Mad , Hermano Lobo o Spilky entre otras que el dedete recibía mensualmente pero que nunca pudimos descubrir porque vía se nos enviaban ni quien las pagaba.

Sé que lo vamos a extrañar. No hay forma de que no sea así, pero no debemos llorar. Se nace y se muere. Es parte de este divertido espectáculo que es la vida y el humor no cree en lágrimas. Soy agnóstico pero desearía que dios, si existe y a su lado están los buenos, Lázaro ocupe su espacio entre ellos. Entre los que sirven, los honestos incansables, los que son originales y ríen, pero saben llorar. Entre los que aman y los que cuentan historia divertidas a matarse. Y repito: ahí debe estar Lázaro, con su elegancia y sobriedad, haciendo equilibrio en su delgada línea. Entre el blanco y el negro. Con su astucia martillando con la pluma en las cabezas de la plutócratas mentales. Bye, bye hermano&por ahí nos vemos.

Wilfredo Torres. caricaturista, fue miembro del equipo del dedeté