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23 de octubre de 2018 23:35:40 | Edición impresa | Síguenos en: rss

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El humor no cree en lágrimas

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Ángel Foto: Lázaro Fernández Moreno
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Por Wilfredo Torres

Hubiera preferido recibir la noticia en un bar rodeado de borrachos divertidos y mujeres insinuantes y no en una ciudad donde el culto al automóvil es más importante que la vida misma. Lugar donde no vez personas caminando o amantes amándose. Solo autos aullando y chillando como bestias enajenantes. Ahí, en medio de ese caos un día de julio, temprano en la mañana leí la noticia; Lázaro Fernández el caricaturista había muerto. Creo y no miento al decir que en ese momento mis recuerdos se reactivaron y remontaron a los inicios de la década de los años 70. Por esa época el dedeté era una mezcla vaga de genios en embrión y personajillos geniales que visitaban la redacción con el ánimo absoluto de publicar sus caricaturas o textos satíricos. Lázaro era uno de esos. Era él. Siempre, desde que lo vi por primera vez, llegaba con su vestir recto y fino, de peinar cuidadoso y con su carpeta de dibujos bajo el brazo.

A decir verdad él era una anomalía entre nosotros. Sucios y sin casi dormir, peluos y desgarbados al hablar y dibujar. Esa fue la simiente del dedeté y Lázaro estuvo ahí. No me equivoco al decir que se ganó un puesto en la tal vez más importante publicación de humor post revolución y defendió como pocos un humor que para esos momentos a muchos les parecía inocuo y falto de compromiso. Llegaba a nuestras mesas de dibujo y entregaba lo que traía, se reía un poco, contaba alguna anécdota corta e interesante y se marchaba tal y como había llegado. Eso se repetía quincena tras quincena. No cobraba colaboraciones. Muchos años fueron así.

Muchas anécdotas afloran a mi memoria ya un poco desgastada vinculados con Lázaro. Aquí una de ellas. Recuerdo una vez que se interrumpió la tirada del dedete (para el que conozca del mundo editorial esto significa un caos) por un dibujo de Lázaro. Hubo que levantar ese dibujo para colocar otro. Suerte que en sus inicios el dedete se imprimía en monotipia y todo resulto bastante fácil de resolver. El dibujo en cuestión era de un pájaro que le decía a otro refiriéndose a un huevo en un nido. No lo puse, se me safo- Tal vez con el tiempo que ha pasado y todo lo que ha llovido el dibujito en cuestión hoy se publicaría sin reservas, pero eran otras épocas y momentos y el dibujo se sustituyó. Creo y sé que el guardaba el número de marras con el orgullo del gladiador que se adentra en la historia. Este tipo no era de este planeta. Su línea lo delataba. Vi con el tiempo desarrollarse a todos en la publicación. Tomy, Manuel, Carlucho, Janer, Virgilio, etc&.A Lázaro nunca lo vi dibujar y pienso que cuando realizo su primer dibujo capturo de una vez y para siempre su estilo. Nunca se sentó en una mesa de dibujo en la redacción y solo pedía incansablemente cartulinas Bristol y si se podía un pomito de tinta. En ocasiones se llevaba bajo el mismo brazo en que trajo los dibujos alguna revista Mad , Hermano Lobo o Spilky entre otras que el dedete recibía mensualmente pero que nunca pudimos descubrir porque vía se nos enviaban ni quien las pagaba.

Sé que lo vamos a extrañar. No hay forma de que no sea así, pero no debemos llorar. Se nace y se muere. Es parte de este divertido espectáculo que es la vida y el humor no cree en lágrimas. Soy agnóstico pero desearía que dios, si existe y a su lado están los buenos, Lázaro ocupe su espacio entre ellos. Entre los que sirven, los honestos incansables, los que son originales y ríen, pero saben llorar. Entre los que aman y los que cuentan historia divertidas a matarse. Y repito: ahí debe estar Lázaro, con su elegancia y sobriedad, haciendo equilibrio en su delgada línea. Entre el blanco y el negro. Con su astucia martillando con la pluma en las cabezas de la plutócratas mentales. Bye, bye hermano&por ahí nos vemos.