Camuflaje
Al fin apareció mi amigo Floro, quien me cuenta que esperó el nacimiento del 2012, en un Cabaret. Hacía más de veinte años que no asistía a un centro nocturno y ha quedado muy sorprendido. Como siempre me envió algunos comentarios sobre el tema y un anécdota que quisiera compartir con ustedes.
Amigo JAPE, los cabarets han cambiado mucho. Ya no es la misma música, las mismas bebidas, las mismas gente… Mira si es verdad, que no me encontré a nadie conocido, y antes, en el cabaret de mi pueblo, todo el mundo se conocía. Si tirabas un plante con una muchacha nueva, al amanecer ya lo sabía todo el municipio. Tenías que ir siempre con tu pareja establecida. Eso tenía sus ventajas porque cuando vas a un lugar de esos con tu cónyug, están en confianza, y pueden matar la noche con un Tu cola para los dos. Lo malo es cuando sales por primera vez con un “materialito” nuevo. Una muchacha que te tiene loco desde hace tiempo y finalmente accede a salir contigo y aunque tú le hablaste de ir al Coppelia, ella insistió en el Cabaret.
Una vez adentro comienza la intensa lucha de contarios y la terrible guerra de nervios. Tú pediste Silver Dry y ella quiere Añejo, Tu pides cristal y ella quiere Babaria o Heineken, tu pides refresco Ciego Montero de Limón y ella quiere Redbull… ella quiere entremés y tu quieres… ¡matarla! Lo más triste es que sabes que no te llevarás el “gato al agua”, que no habrá “happy end”… porque ¿quién se excita con los “módicos” precios de nuestros hoteles?
Otro tema escabroso es la entrada, que ahora llaman cover: ¡10 CUC! Y eso solo incluye un líquido… En eso si son sinceros, porque realmente es un “líquido” lo que te dan, un líquido, con un poquito de azúcar… Debe ser porque la azúcar se ha puesto un poco cara, pero… que me hablen claro: Me cobran un CUC por la entrada y yo traigo la azúcar de mi casa.
Volviendo al tema estimado cofrade, pude ver que la bebida tampoco es la misma. Ahora los productos vienen en latica o en cartoncito. Si tú quieres entrar una bebida para atenuar el costo, puedes “embarajar” con una cajita de plancha’o o una canequita. En mis tiempos había que camuflar la botella. Recuerdo que una vez, ya viviendo en La Habana, fui a un club con una muchacha linda pero muy reservada. Yo estaba corto de dinero y para adelantar algo, cogí una botella media de Ronda, que tenía en la casa, y me la puse dentro del pantalón en la parte de adelante para que no la vieran en la mano. Pasé sin problemas, pero cuando entramos empezaban a poner una canción romántica que a ella le gustaba mucho, y me dijo: —“¡Vamos a bailar, después nos sentamos. Me haló para la pista sin darme tiempo a sacarme la botella de adentro del pantalón. La música era linda, muy romántica y ella me apretujo un poquito hasta que parece que sintió algo extraño y me dijo un poco ruborizada: “—Floro, ¿qué es eso?.”
Yo me acordé de la botella de Ronda, que realmente era una bebida muy fuerte y sin prudencia ninguna le contesté: No te preocupes, ahora cuando nos sentemos pedimos una cubetica de hielo porque eso, si no es con hielo, no hay quien lo baje. De más está decirle que ahí mismo me quedé solo en la pista con mi botella de ron enmascarada…
En su misiva Floro, comenta sobre otros sucesos que lo llevaron a comparar sus recuerdos de antaño, con la realidad vivida la víspera del nuevo año. ¿Qué puedo decir a mi querido amigo? Siempre habrá “tela por donde cortar” cuando se trate de un antes y un después. Lo realmente mágico es tener siempre algo que contar, porque recordar es volver a vivir.